Reconstruirte después de ser mama.

Ser mamá te transforma de una manera que nadie te explica del todo. No es solo el cansancio, ni las noches sin dormir, ni la lista interminable de responsabilidades. Es que, en algún punto del camino, sin darte cuenta, partes de ti quedaron en pausa. Algunas se rompieron, otras se apagaron, y otras simplemente se escondieron detrás de todo lo que diste y sigues dando.

Pero llega un momento —ese momento que no se anuncia— en el que tu alma toca la puerta. Suave, pero firme. Y te dice: “Aquí estoy. ¿Te acuerdas de mí?” Y ahí empieza la reconstrucción.

Reconstruirte después de ser mamá no es regresar a quien eras. Es honrar a la mujer que fuiste, agradecer a la que sostuvo todo incluso rota, y abrazar a la nueva versión que quiere nacer desde la conciencia.

Es mirarte al espejo sin prisa
y permitirte sentir lo que realmente estás sintiendo.
Es reconocer el cansancio sin culpa,
el deseo de espacio propio sin vergüenza,
y las ganas profundas de reconectar contigo misma sin miedo.

Reconstruirte es aceptar que no pasa de un día para otro. Que es un proceso. Que toma paciencia, presencia y una honestidad brutal contigo misma. Es regresar a tus rituales de autocuidado, a tus pasatiempos, a tu fuerza interna. Es recordar que también tienes sueños, metas, talentos y una luz que merece ser atendida.

Y cuando empiezas a reconstruirte, algo hermoso pasa:
te das cuenta que tus hijos no necesitan una mamá perfecta, sino una mamá real. Una mujer que se escoge. Que se escucha. Que se respeta. Que se pone de pie todos los días, incluso cuando está cansada.

Reconstruirte después de ser mamá no es un acto egoísta.
Es un acto de amor.
Porque cuando tú vuelves a ti, tus hijos también aprenden a volver a ellos.
Cuando tú te cuidas, ellos aprenden a cuidarse.
Cuando tú te valoras, ellos entienden su propio valor.

Este camino no es fácil, pero es profundamente liberador.
Y lo más importante: no estás sola.
Cada paso que das hacia ti misma es también un paso hacia la vida que mereces vivir.

Y aquí estás, renaciendo… no desde el dolor, sino desde la conciencia, desde la fuerza, desde la mujer que estás eligiendo ser ahora.

Con amor, Faby Serrano.

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